El cardenal Robert Sarah, figura destacada de la Iglesia
Católica Romana, acusa a la Unión Europea de ejercer presión económica,
política y diplomática para obligar a África a adoptar valores ajenos y a
renunciar a su soberanía.
El miércoles 15 de julio de 2026, el cardenal guineano
Robert Sarah pronunció un discurso ante el Parlamento Europeo en Bruselas, en
el que criticó duramente la política de la Unión Europea hacia África,
acusándola de imponer condiciones ideológicas al continente bajo el pretexto de
cooperación.
“Las palabras ya no significan lo que dicen”, advirtió al
inicio de su intervención, marcando así el tono del discurso. El prelado
cuestionó en primer lugar el vocabulario utilizado por la Unión Europea en sus
relaciones con África, argumentando que términos como “derechos humanos”, “salud
sexual y reproductiva” e “igualdad de género” están siendo despojados de su
verdadero significado.
Según Robert Sarah, los tratados y planes de acción
resultantes ya no sirven al propósito de la cooperación, sino que se convierten
en instrumentos de perversión y poder silencioso: un medio para que la UE
imponga su voluntad a África sin que el continente se dé cuenta.
“Cuando se invocan los derechos humanos para imponer
categorías legales ajenas a nuestra historia, nuestra fe, nuestra cultura y
nuestra visión antropológica, ya no estamos hablando de cooperación entre
socios iguales”, afirmó, denunciando lo que ha denominado “neocolonialismo
cultural y económico”; detalló lo que describe como un sistema de presión de
tres niveles: resoluciones del Parlamento Europeo relativas al aborto y los
derechos LGBTQI+; el Acuerdo de Samoa, que proporciona el marco jurídico para
las relaciones entre la UE y los países de África, el Caribe y el Pacífico; y,
por último, los instrumentos financieros europeos, incluida una nueva propuesta
de reglamento que abarca más de 200.000 millones de euros en ayuda exterior.
"Utilizar el comercio y las finanzas para interferir
en las leyes penales y familiares de un Estado soberano constituye una
violación directa del principio de autodeterminación de los pueblos",
declaró el cardenal, según fuentes de la Agencia de Noticias de Burquina; por
ejemplo, en su alocución, Robert Sarah citó el ejemplo de Uganda, donde en 2023
el Parlamento Europeo pidió recurrir a medidas diplomáticas y comerciales para
disuadir a Kampala de legislar contra la homosexualidad, llegando incluso a
sugerir la retirada de las preferencias comerciales concedidas al país.
El prelado también condenó la creación de ministerios
dedicados a la teoría de género en ciertos países africanos a cambio de apoyo
económico, así como las presiones ejercidas en el pasado por las Naciones
Unidas para despenalizar la homosexualidad como condición de
"civilización", todo ello mientras necesidades más urgentes —como
hospitales, escuelas y agua potable— siguen sin cubrirse en todo el continente.
Robert Sarah ha elogiado las disposiciones
constitucionales de Kenia y Uganda que protegen la vida desde la concepción,
así como la iniciativa del presidente ugandés Yoweri Museveni, quien en mayo de
2025 instó a las Naciones Africanas a rechazar aquellas cláusulas del Acuerdo
de Samoa que consideraban contrarias a sus valores familiares.
Por encima de todo, el cardenal Sarah instó a los miembros del Parlamento Europeo a "examinar su lenguaje", pidiéndoles que aclararan —sin ambigüedades— qué entienden realmente por conceptos como derechos humanos, género y familia, y que ofrecieran a África una forma de cooperación libre de cualquier agenda ideológica.
"Una Europa envejecida y fatigada tiene mucho que aprender y recibir de África", declaró, antes de dirigir un llamamiento directo a los líderes europeos: "Hagan un serio examen de conciencia. Escuchen a África. Respeten su soberanía cultural. Ofrezcan una cooperación libre y exenta de agendas ideológicas".
Bernardino-Ndze BIYOA ASUHE