El gobierno francés ha
presentado un ambicioso proyecto de ley que podría marcar un antes y un después
en la gestión de los bienes culturales saqueados en África durante la
colonización.
Impulsada por la ministra de Cultura, Rachida Dati, la
nueva normativa —sometida este pasado 30 de julio al Consejo de Ministros—
busca simplificar y agilizar los mecanismos legales para devolver a sus países
de origen aquellos objetos que, durante décadas, han permanecido en colecciones
estatales francesas.
Hasta ahora, cada restitución debía pasar por un complejo
proceso parlamentario, en virtud del principio de inalienabilidad del
patrimonio público. El nuevo texto propone una excepción a esta norma: las
restituciones podrían autorizarse directamente por decreto, siempre que cuenten
con el aval del Consejo de Estado.
Este giro legislativo no solo responde a una demanda
creciente desde el continente africano y otros territorios expoliados, sino que
también pretende reconciliar a Francia con una parte de su historia que sigue
generando debate y reflexión.
Para el senador Pierre Ouzoulias, miembro de la Comisión
de Cultura del Senado, esta iniciativa representa mucho más que un ajuste
técnico. “Se trata de una cuestión de memoria y justicia. Francia aún no ha
cerrado su capítulo colonial”, afirmó. Ouzoulias propone la creación de una
comisión independiente y permanente que analice cada restitución con criterios
éticos y científicos, evitando así que la materia quede sujeta a vaivenes
políticos.
Una opinión compartida por la antropóloga Saskia Cousin
Kouton, profesora en la Universidad de Nanterre, quien subraya la dimensión
simbólica y pedagógica de estas devoluciones, “restituir no es solo un acto
diplomático. Es devolver dignidad, permitir la transmisión intergeneracional
del saber y reafirmar el valor de las culturas despojadas”.
En la revista digital “notreafrik.com” se resalta la devolución del tambor ceremonial Djidji Ayôkwé a Costa de Marfil como un gesto emblemático en este proceso. Más allá del objeto físico, el gesto representa el reconocimiento de una herida histórica y el inicio de una cooperación cultural más respetuosa. Este movimiento también abre nuevas oportunidades para los países africanos, que pueden potenciar su desarrollo económico mediante la valorización de su patrimonio y el impulso del turismo cultural.
El Parlamento francés examinará el proyecto en septiembre, en una sesión extraordinaria. De aprobarse, esta ley podría convertirse en un punto de inflexión histórico: un paso firme hacia una relación más equitativa entre Francia y los países que, durante años, vieron cómo sus tesoros eran arrancados y expuestos lejos de casa.
Ndze Biyoa Asuhe